
El Vampiro, La Criatura Mística.
Tabla de contenidos
Descripción
Historia de los vampiros
Los vampiros en la Antigüedad
El vampiro en la Edad Media
Patología psiquiátrica y vampirismo
El vampiro en la ciencia
Exhumación: Explicación científica de los vampiros
¿Dos enfermedades vampíricas?
El vampiro en el arte
El vampiro en la literatura
Principales relatos de vampiros
El vampiro en la escultura
El vampiro en la pintura
El vampiro en la cultura contemporánea
El vampiro en la pantalla
El vampiro como arquetipo
Vampiros en los videojuegos
Clases de Vampiros
Descripción:
Se pueden observar los característicos
colmillos largos y puntiagudos.Un vampiro es, en la cultura popular de varios
países, una criatura que se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse
activo. Probablemente la base de la mayoría de las ideas acerca de vampiros que
forman parte de la cultura popular actual sea el libro Drácula de Bram Stoker, y
las películas de cine basadas en él, como Nosferatu y Drácula de Bram Stoker.
Algunos estudiosos del vampirismo han sugerido que estas leyendas se hallan
relacionadas total o parcialmente con casos de patologías reales como la rabia;
interesante el estudio del neurólogo español Juan Gómez Alonso Los vampiros a la
luz de la medicina; o la porfiria. Junto con el hombre lobo, el vampiro es
quizás el más famoso ser sobrenatural de la cultura popular humana. Los
Vampiros, científicamente si existen; son las personas con dones sobrenaturales
que les agrada el sabor y olor de la sangre humana y pueden ver a los demás
vampiros originales. También son los que simplemente han sido elejidos desde su
nacimientos para ser parte de los otros: los que no han sido mordidos
directamente por un original.
La palabra "vampiro" viene de las lenguas eslavas (del alemán vampir, que se
deriva del polaco temprano vaper y éste a su vez del eslavo arcaico oper; con
raíces indoeuropeas paralelas en el turco y en el persa). Significa a la vez
"ser volador", "beber o chupar" y "lobo", además de hacer referencia a cierto
tipo de murciélago. Durante la expansión del Romanticismo en Europa, la
principal reacción al periodo previo de Ilustración enciclopédica y
racionalista, el vampiro se convirtió en una temática común y pasó de la leyenda
oral a los castillos y los salones elegantes.
Otros nombres son vurdalak (ruso moderno), vrolok (eslovaco), strigoï o
strigoiul (rumano moderno), bukolako o vukodlak (serbio), upiro (polaco),
nosferatu (del griego nosophoro, portador de enfermedad) y vampyrus (latín).
Características:
Aunque la descripción de estas criaturas varía
un poco entre autores, tienen varias características en común:
Fueron humanos mortales, pero ahora están en un estado no exactamente vivo pero
tampoco muerto, de ahí que se les llame no-muertos.
Suelen ser de aspecto delgado y lánguido, con largas uñas y piel mortecina.
Según algunos autores, algunos vampiros no se reflejan en los espejos, ya que no
poseen alma.
Necesitan sangre fresca para vivir.
Suelen tener fobia a los crucifijos y al agua bendita si son -o eran- creyentes.
Pueden infectar a otros al morderlos y convertirlos a su vez en vampiros; los
detalles varían.
Cuando les pica un mosquito o bicho les salen varias manchas rojas; esto
significa que el vampiro no toma diariamente
sangre fresca o la necesita.
No toleran el oro, en las mujeres; lo pueden utilizar con una base de plata.
Algunos, como Drácula de Stoker, necesitan dormir en tierra de suelo natal.
Poseen una fuerza sobrenatural.
No toleran los espejos.
Los vampiros pueden elegir su camino; ser vampiro para toda su vida, o sólo ser
humano normal que sigue teniendo rasgos de vampiro, y no necesita sangre.
Los vampiros actuales suelen llevar una vida normal.
Algunos, sin sangre, pueden sufrir de amnesia por un momento.
En las mujeres, los perfumes pueden hacerlas sufrir quemaduras leves o
invisibles.
En algunos vampiros, el sol les afecta la vista.
Los nuevos vampiros suelen tener los dientes delanteros no muy desarrollados
como los antiguos.
En las madrugadas,los autovampiristas pueden cambiar el color de sus ojos, o
también cuando los atacan.
Prefieren la oscuridad, y algunos, la luz (de ahi proviene la leyenda de los
guardianes de la noche y del día, en Rusia; los que prefieren la oscuridad, son
iluminados; pero los que prefieren la luz, son oscuros)
La luz del sol de medio día los debilita, y pueden sufrir ceguera temporal.
La mayoría sólo puede ser destruido por la luz del sol o al ser decapitado. Los
verdaderos Nosferatu sólo pueden morir si se introduce plata bendita en su
cuerpo y no hay sangre cerca de ellos en ese momento; de lo contrario,
simplemente su cuerpo se destruirá sólo para reconstruirse nuevamente.
Si se le clava una estaca en el corazón, el vampiro no muere, sino que queda
paralizado mientras tenga la estaca clavada. Según otras fuentes, sí muere, pero
hay que dejar la estaca clavada. Y debe ser de madera de ciertos árboles, como
el roble.
Si se le decapita muere, en caso de que sea un vampiro de baja categoría
(mordido por un vampiro no original).
Los verdaderos Nosferatus pueden soportar la luz del sol, aunque la odian. Los
demás vampiros no la toleran, ya que puede destruirlos o herirlos gravemente. Si
les da la luz del sol a los vampiros de baja categoría pueden morir, pero si
llegan a tiempo a la sombra, pueden curar sus quemaduras, pues tienen gran
capacidad de regeneración.
Se pueden alejar con ajo, pues lo odian por su fuerte olor. Tampoco toleran el
olor a rosas.
Para que un vampiro no original, o de baja categoría se vuelva un verdadero
Nosferatu debe beber voluntariamente la sangre de aquel que lo mordió (que en
este caso debe ser un Nosferatu).
El vampiro es un ser físicamente poderoso, tan fuerte como veinte hombres, de
una virilidad extraordinaria y extremadamente sensual. Proyecta sombra, aunque
se mueven a placer y no en la acción que hace. Debido a su consumo de sangre
permanece eternamente joven, y es el señor de los murciélagos, las polillas, el
lobo, la rata, el zorro y el búho. Es capaz de transformarse en una nube de
polvo o vapor, trepa por las paredes con la facilidad de un insecto y, al menos
de un modo limitado, es capaz de controlar la furia de los elementos. En Drácula
se afirma también que sólo puede entrar en un edificio si se le invita
previamente -un innegable simbolismo sexual- y que tiene que dormir en un ataúd
que contenga algo de su tierra natal. Le repugna la flor del ajo (una minúscula
flor violeta que despide ese característico olor, no su bulbo, que no despide
ningún olor hasta que se corta) y la luz del día le molesta, pero no le daña
significativamente. La suposición de que la luz del sol hiere o mata a los
vampiros es un mito aparecido en los últimos sesenta años.
Suele considerarse que las armas (balas, dagas, espadas, proyectiles) fabricadas
en plata pura le pueden herir, pero no las más comunes de plomo o acero.
Existen, por el contrario, opiniones contradictorias sobre la utilidad del fuego
para destruir a un vampiro, incluso cuando el fuego procede de armas modernas de
alta energía. En cuanto al crucifijo y el agua bendita, es algo que Stoker se
sintió obligado a incluir en su novela dado el carácter fanáticamente religioso
de la sociedad de su tiempo, pero no parece que tengan más fuerza que la de su
propio simbolismo. Esto significa que si el vampiro era cristiano cuando estaba
vivo, puede sentirse espantado ante tales símbolos, pero si no lo era, no
servirán de gran cosa. Con los vampiros más viejos, que nacieron muchos milenios
antes de la aparición del cristianismo, la cruz y el agua bendita no serían más
que curiosidades históricas carentes de todo poder.
Historia de los Vampiros
Ilustración moderna de un vampiroSi bien
existen sugerentes leyendas en todas las civilizaciones de la Antigüedad, desde
Egipto a Sumeria, la primera referencia histórica del vampiro se encuentra en la
obra de Lucio Apuleyo, un escritor y filósofo romano, que vivió entre los años
125 y 180. Su novela De Asino Aureo cuenta la historia de dos hermanas malignas,
Meroe y Panthia, que bebieron la sangre de un tal Sócrates (ninguna relación con
el gran filósofo griego). Las hermanas cerraron las heridas de Sócrates con una
esponjilla para que éste no se diera cuenta de la pérdida de sangre, pero cuando
al día siguiente se inclinó para beber agua de un río, la esponjilla se cayó al
agua, y tras ella la última gota de vida.
El vampiro como muerto viviente bebedor de sangre ya era conocido en las
leyendas de algunos países, siendo posible encontrar relatos en Inglaterra y
Dinamarca durante el siglo XII que nos hablan de seres parecidos. Con el tiempo,
y especialmente gracias a las novedades que aportaba el llamado Siglo de las
Luces, donde se vive el triunfo de la razón y el desprestigio de las
supersticiones, fueron poco a poco desapareciendo. Pero años más tarde surgió
una de las personas que más hizo para avivar estas creencias en el vampirismo,
aunque su idea inicial era refutar su existencia: el padre benedictino Dom
Augustin Calmet (1672-1757). Calmet vulgarizó en el siglo XVIII las leyendas y
fábulas de Centroeuropa sobre los vampiros, exponiendo en su obra Tratado sobre
los vampiros (1746) las historias de estos seres en tierras de Austria, Hungría,
Polonia, Serbia, Moravia, Silesia y Prusia, aunque también anotó casos de
lugares tan distantes como Perú, Laponia o Inglaterra.
También han existido las leyendas de vampiros en España, como muestran las
guaxas en Asturias, las guajonas en Cantabria y las meigas chuchonas en Galicia,
todas ellas con un solo colmillo para succionar la sangre de sus víctimas, sobre
todo niños.
Los Vampiros en la Antigüedad
En Mesopotamia se invocaba a los dioses
protectores para que acabaran con los Utuhu y a los Maskin, seres muy similares
a los vampiros que eran los culpables de las enfermedades y las pestes, por
parte del pueblo. Estos seres junto con las huestes de Alal y Telal, pueden
considerarse como antecesores de los vampiros.
En el Antiguo Egipto encontramos deidades vampíricas como Srun, caracterizada
por tener aspecto de lobo y largos colmillos. Solían alimentarse de los cuerpos
de sus víctimas humanas. Los fenicios tenían la creencia de que la mortandad de
niños era debida a los ataques de Lilitu, espectro errante que se alimentaba de
la sangre de los infantes. Se hicieron exorcismos para devolver a los
chupasangres (también llamados chtonios, "amigos de la sangre") a sus tumbas.
Kali Ma, en la India era una diosa sanguinaria y feroz, con cuatro brazos y una
larga cabellera. Se le ofrecían sacrificios humanos en los que la sangre era el
elemento principal. Otros seres eran los butchas.
En la antigua China se consideraba que se convertían en vampiros aquellos que
habían cometido crímenes en vida. Cuando éstos morían, se les exhumaba y se les
cortaban todos sus miembros a trozos.
En América, el pueblo amerindio Mapuche tiene entre sus creencias la existencia
de un ser vampírico conocido como el Pihuychen que atacaría principalmente a
animales, pero también a humanos. Igualmente creían en la existencia de una
criatura vampírica acuática conocida como Trelke-wekufe (El cuero).
Posteriormente ambos seres formarían también parte de la tradición chilena.
También los Aztecas creían en un ser vampírico conocido como Civatateo que
atacaba a los niños que después morían de una extraña enfermedad. También se
dice que atacaba en las noches y especialmente en los cruces de caminos.
Ya en Europa, más concretamente en la antigua Grecia, existía en su mitología la
leyenda de Lamia, que era hija del rey oriental Belus y cuyos hijos fueron
asesinados por la diosa Hera al conocerse que Lamia tuvo un romance con Zeus.
Para vengarse, Lamia comenzó a perseguir a todos los niños que se encontraba
para extraerles la sangre para alimentarse. Esta leyenda se convirtió en
superstición que se transmitía en las zonas rurales de Grecia y que contaba que
Lamia atacaba a todos los viajeros extraviados, seducidos por la belleza de la "chupasangre".
Este caso es el más parecido a la concepción histórica de vampiro. También en la
mitología griega se encuentra el caso de Empusa, hija de la diosa Hécate, un ser
con pies de bronce y monstruoso que podía transformarse en una bella mujer y
conquistaba a los hombres para aprovecharse de su sangre. Además en la Hélade
existían en sus leyendas las striges, deidades con rostro de mujer y cuerpo de
pájaro que absorbían la sangre de los humanos mientras estos dormían. También
existía un ser llamado Vrycolaka, que atacaba a su familia después de muerto.
Los romanos tenían a los larvae, no-muertos que no habían expiado sus crímenes
en vida, y se vengaban de su estado esquelético y fantasmal absorbiendo la vida
de los vivos.
El vampiro en la Edad Media [editar]En la Edad Media, en los países de religión
musulmana se hablaba de unos vampiros llamados gul, en el caso de ser varón, y
gola siendo mujer, que se convertían en tales por haber tenido una muerte
violenta. Estos seres tienen su aparición en uno de los relatos de Las mil y una
noches llamado Honor de un Vampiro.
En la primera expedición de los vikingos hacia Islandia en diferentes grupos,
ocurrió que en la primera noche allí, uno de los grupos (que se componían de una
treintena cada uno) fue masacrado por una especie de vampiros que les
absorbieron la sangre.
La palabra upir (también como en polaco significa vampiro) llegó a utilizarse
por primera vez en Rusia en el año 1047 para referirse a un príncipe ruso.
En 1190 Walter Map escribe De Nagis Curialium, en donde escribe hechos ocurridos
por ataques vampíricos en Inglaterra. También recoge casos ingleses William de
Newburgh en sus Chronicles, en 1196.
Durante la Edad Media, las pulgas, que son también chupadoras de sangre, se
consideraban un ser vampírico por su implicación a la hora de extender la Gran
Peste Negra de 1348. De aquí surgieron varias referencias literarias sobre "el
Señor de las Pulgas" y, por extensión, "el Señor de los Insectos" y "el Señor de
las Moscas". Los celtas enterraban a sus muertos boca abajo, para que entraran
en el "otro mundo" mirando en la dirección correcta: hacia abajo. En Europa
Oriental, era frecuente introducir un diente de ajo en la boca de los muertos
antes de inhumarlos.
También en la Edad Media y en Cataluña se encuentra la historia del Conde Arnau
de Mataplana. Este conde prometía una medida de trigo a todo aquel que le
suministrara una medida de piedra para la construcción de su castillo. Una vez
construido el mismo, Arnau no cumplió con lo dicho respecto a sus súbditos. La
población en venganza avisó a las brujas del lugar para que realizara hechizos
sobre el conde y estos se realizaron. El conde, no enterado de estas conjuras
contra él, estaba enamorado de una abadesa del convento de San Juan de las
Abadesas, a quien, después de haber sido rechazado, violó y secuestró para
llevársela a su nuevo castillo. Era noche de difuntos. Cuando a la mañana
siguiente fueron unos hombres a parlamentar con Arnau, se encontraron con la
espantosa imagen del conde y la abadesa despedazados por lo que dijeron unos
perros vampíricos. Se dijo que hasta el siglo XIX cada noche de difuntos el
conde, la abadesa y la jauría de perros salían del más allá para chupar la
sangre y despedazar a todo aquel que se encontraran por la noche en aquellos
lares catalanes.
En Pratdip, existe la leyenda de que unos perros vampíricos atacaban a los
habitantes de esta población, además de historias de conjuros y hechizo.
Otro vampiro en Cataluña, también en el Ampurdán, es el caso de Ugarés. Fue un
hombre que vivió en un megalito y que fue poseído por espíritus malignos por
extraños personajes venidos desde el Mar Caspio. Se dice que murió en el siglo X
en una batalla, en la que sufrió un ataque de posesión que descargó contra sus
enemigos. Luego en el siglo XV se construyó un castillo donde había sido
enterrado, justo en el megalito en donde vivió. Durante las obras y luego ya
construido hubo toda clase de desgracias, como enfermedades plagas y muertes
extrañas. El que rigió el castillo también ha pasado a la historia con el nombre
de Ugarés y se dedicó a realizar todo tipo de tropelías como asesinar niños y
luego beberse la sangre de estos y comerse sus cuerpos (decían que le había
poseído el espíritu del antiguo Ugarés). Todos los habitantes de la villa decían
que nunca envejecía y que adivinaba el futuro. En 1427 hubo un terremoto en la
zona y todos creyeron que Ugarés había muerto, pero en 1483 aparecieron de nuevo
las epidemias y las desapariciones de personas y durante siglos la leyenda de
los Ugarés pervivió.
En el siglo XV existió una familia vampírica que vivía en East Lothiam, Escocia.
Primero fueron una pareja que ingerían la sangre y comían a los viajeros que se
hospedaban en su casa. Luego sus hijos heredaron estas actuaciones de vampiros.
Michel Beheim, un juglar germánico, compuso en 1463 una canción con el título
Von ainem wutrich der hies Trakle waida von der Walachei donde relataba la
historia de un noble rumano llamado Vlad Draculea. Beheim era súbdito del rey
húngaro Matías Corvino, en cuya corte se refugió Draculea cuando tuvo que huir
de Valaquia. Valaquia, fundada en 1290 por Rodolfo el Negro es una comarca de
Transilvania (Rumania). Transilvania significa "las tierras más allá de los
bosques". El otro nombre de esta región, Siebenbürgen, se deriva del alemán y
significa "los siete castillos", lo que da a entender bien su importancia
estratégica y la complejidad del sistema defensivo que allí existía en aquellos
tiempos. De hecho, los intrincados valles y montañas de la remota Transilvania
constituyen la puerta meridional de Europa; todo invasor que, procedente de
Asia, desee conquistar por el sur las fértiles llanuras del continente europeo
tiene que pasar obligatoriamente por Valaquia y Transilvania. Y por esa razón,
la guerra y la crueldad han sido allí moneda común desde hace miles de años.
Vlad TepesDracul (que significa el dragón, aunque la palabra rumana utilizada
para referirse al Demonio es idéntica) era el apodo del voivoda (príncipe)
transilvano Vlad III Dracul, caballero de la Orden del Dragón, un colectivo
secreto fundado por el Sacro Emperador Romano en 1410. Vlad Dracul fue el padre
de Vlad III Tepes (el Empalador) que vivió en constante estado de guerra durante
1431 y 1476. Vlad IV Tepes fue el modelo que recogería el escritor Bram Stoker
para crear su famosísimo personaje, el Conde Drácula. Draculea significa hijo de
Dracul, y este apodo pronto derivó a Drácula. Pese a lo que se dice en la novela
de Stoker, los rumanos no establecen conexión entre Vlad III Tepes y el
vampirismo; de hecho, debido a su capacidad para expulsar a los turcos de
Valaquia (mediante métodos extremadamente crueles y brutales, pero quizás
apropiados para el lugar y la época) se le considera un héroe nacional en
Rumania, el salvador de Europa. Por los mismos métodos, también logró que
desapareciera toda delincuencia de su reino -algo muy difícil en tiempos tan
convulsos de invasiones y revueltas-. Para más información sobre la figura
histórica de Vlad III Tepes se recomienda leer L'Histoire du Prince Dracula, de
Matei Cazacu, que incluye los trabajos de M. Beheim.
Creando a su alrededor un aura demoníaca, logró que unos y otros se lo pensaran
dos o más veces antes de atacarle. Paralelamente, la leyenda de Draculea, hijo
de Dracul, el Dragón, el Diablo, el Vampiro, pudo surgir. Como mínimo desde
1460, sus enemigos en el exterior y en el interior estaban convencidos de que
Vlad disponía de poderes necrománticos, pues sólo así podía explicarse su
conducta, y pensaban que su reducido ejército diurno quedaba reforzado durante
la noche por las cien mil almas de sus víctimas convertidas en raptores de niños
y doncellas, chupadores de sangre, fantasmales guerreros de la oscuridad en
busca de implacable venganza contra los vivos. El concepto moderno de vampiro
había nacido.
Patología Psiquiátrica y Vampirismo
Adicionalmente, se debería destacar un origen
etiológico del mito que se repite con cierta frecuencia en la galería de
monstruos del cine: las enfermedades mentales. Este apartado se refiere
específicamente a la patología psiquiátrica.
La historia ha dejado una serie de personajes a los que se le ha atribuido una
atracción patológica por la sangre humana. Desde el caballero Gilles de Rais
(1400-1440), antiguo compañero de armas de Juana de Arco, que buscando en la
sangre el secreto de la piedra filosofal torturó y dio muerte a unos 300 niños,
hasta la ya conocida condesa Erzsébet Báthory, que supuestamente bebía sangre de
doncellas para mantenerse joven.
El primer vampiro moderno fue el húngaro Bela Kisz que inició sus actividades en
1912 a raíz de la infidelidad de su joven esposa. Cuando se fue a la guerra dos
años después y no volvió, se le supuso muerto, y al entrar en sus propiedades
las autoridades descubrieron dos barriles metálicos con los cuerpos de su mujer
y su vecina. Posteriormente, encontraron otros diecisiete barriles más con otras
tantas mujeres en su interior que habían sido estranguladas; además, presentaban
unas heridas en el cuello y no se halló ni una gota de sangre en sus cuerpos.
Bela Kisz nunca fue encontrado, y se le consideró un desaparecido de la guerra.
La fama de vampiro la tuvo mayormente el alemán Peter Kürten (1883-1931), más
conocido como "El Vampiro de Düsseldorf", que inició sus actividades de muy
joven, torturando y matando a animales. A los cinco años intentó ahogar a un
compañero mientras jugaban en una embarcación y a los nueve años preparó un
accidente en el que murieron dos muchachos. Pese a sus maneras apacibles y su
aspecto imperturbable y pese a ser considerado por sus vecinos como una persona
seria, honesta y amable, fue condenado por diversos delitos como robo, asalto o
deserción de sus obligaciones militares. Su primer homicidio, una niña de ocho
años, tuvo lugar en 1913, y al final de su vida fue acusado de nueve asesinatos
y siete intentos de asesinato. Murió sin arrepentirse de sus actos y sin sufrir
remordimientos por ellos. Su pasión por la sangre le hizo decir antes de ser
guillotinado: "Después de que me decapiten, podré oír por un momento el sonido
de mi propia sangre al correr por mi cuello. Ese será el placer para terminar
con todos los placeres". Esta historia fue llevada al cine como M, el vampiro de
Düsseldorf de Fritz Lang (1931), donde Peter Lorre hacía una magnífica
interpretación del asesino.
Otros asesinos han sido definidos como vampiros por su atracción por la sangre.
Se puede citar a Martin Dumollard, quien mató a varias mujeres en Francia en
1861 y bebió su sangre. También en Francia en 1878 Joseph Vacher bebió la sangre
de una docena de sus víctimas. En Italia, Vincenzo Verzenia asesinó a dos
mujeres para beber su sangre y Eusebius Pleydagnelle mató a seis mujeres por el
mismo motivo. En Polonia, Stanislav Modziellewski y Juan Koltrun, el llamado
"Vampiro de Podlaski", obtuvieron fama porque bebieron la sangre de sus
víctimas, al igual que el argentino Florencio Roque Fernández. En la década de
los 70 fueron descubiertos el milanés Rantao Antonio Cirillo y Richard Trenton
Chase, "El Vampiro de Sacramento", que según dijo necesitaba beber sangre para
renovar la suya. La californiana Deborah Finch en 1992 que ingirió la sangre de
su víctima tras un supuesto pacto suicida. John Crutchley que, entre otros
asesinatos sangrientos, mantuvo prisionera a una de sus víctimas en 1985 para
poder beber su sangre poco a poco. Marcello de Andrade que mató en 1991 a 14
jóvenes en Río de Janeiro para rejuvenecerse con su sangre. Magdalena Solís, una
mujer mexicana que desarrolló una psicosis teológica al creerse una diosa y
organizó un culto pseudo religioso y orgiástico con sacrificios humanos que
terminaban bebiéndose la sangre de sus víctimas. James Riva, que fascinado por
los vampiros desde los 13 años, mató a su abuela en 1980 para beber su sangre
como método defensivo, pues creía que era una vampira que se alimentaba de él
mientras dormía.
La lista es larga y continua con el famoso Fritz Haarmann "El Vampiro de
Hannover" y seguir con Wayne Boden "El Vampiro Violador", Nicolas Claux "El
Vampiro de París", etc. Así como otros que han sido apodados vulgarmente por la
gente o mayormente por los medios de comunicación como "vampiros" o "dráculas".
Han existido también fraudes vampíricos en los asesinos en serie; el ejemplo más
llamativo es el de John George Haigh, apodado como "El Vampiro de Londres",
quien utilizó la imagen del vampiro para crear el terror en la mente de las
personas y, pese a que no se encontraron evidencias de que bebiera la sangre de
sus víctimas ni de que actuara bajo ningún tipo de compulsión por ella, alegó el
vampirismo para que le declararan incapacitado mental cuando lo arrestaron en
1949.
Para poner el punto psiquiátrico final a este tema, cabe destacar a un "vampiro"
que surgió recientemente influenciado de forma directa por el cine. Se trata de
Allan Menzies, un joven escocés de 22 años adicto al cine que se obsesionó con
la película "Queen of the Dammed" ("La Reina de los Condenados") de Michael
Rymer (2002)basada en la novela homónima de Anne Rice, según declaró
posteriormente a su detención tras matar a Thomas McKendrick (un amigo de 21
años que le facilitó la película por primera vez), vio la película más de cien
veces durante ese mes y al final hizo un pacto con Akasha, la vampiresa
interpretada por la fallecida cantante estadounidense Aaliyah, para que le
convirtiera en inmortal si mataba a alguien. Cuando un día su amigo se burló e
hizo comentarios sexuales sobre la actriz, Allan se abalanzó sobre él, le asestó
42 puñaladas y le destrozó la cabeza con más de 10 martillazos; finalmente se
bebió su sangre y comió parte de su cerebro. Durante el juicio no se mostró
arrepentido en ningún momento e insistía en haberse convertido en un vampiro
inmortal; el juez dictó la sentencia en 2003 condenándolo a cumplir al menos 18
años en prisión sin posibilidad de salir en libertad condicional, opinando que
era "un demonio, violento y altamente peligroso, no apto para estar en
libertad". Este individuo apareció muerto en su celda dandose la noticia el 15
de Noviembre de 2004. Se cree que se quitó la vida.
Es de destacar que la psiquiatría se ha interesado por estos casos de conducta
anormal donde hay una necesidad compulsiva de sentir o ingerir la sangre,
existiendo o no el autoengaño creencial de ser un vampiro. Muchos han sido
diagnosticados como psicóticos o esquizofrénicos, aunque otros han definido su
enfermedad como lo que podría encuadrarse en el llamado "vampirismo clínico" y
que se ha intentado renombrar como Síndrome de Renfield, en referencia al
personaje enfermo mental y siervo de Drácula que aparece en la obra de Stoker,
un comedor compulsivo de moscas y arañas cuyo fin era el de absorberles su
fuerza vital.
Pese a que este síndrome no está establecido ni aceptado completamente por el
mundo médico, el psicólogo Richard Noll, en su libro "Bizarre Diseases of the
Mind" (1990), dice que suele producirse con mayor frecuencia en los varones, e
intenta establecer una serie de fases en su desarrollo:
Infancia: el primer estadio suele producirse durante la infancia, cuando el niño
se ve involucrado en un incidente sangriento en el que descubre la excitación de
la sangre.
Autovampirismo: donde descubre el placer que le provoca la visión o el sabor de
su propia sangre.
Zoofagia: donde pasan a probar la sangre de animales, siendo especialmente
atraídos por los denominados animales de compañía.
Vampirismo clínico: es el estado más avanzado del síndrome, en el que pasa a
ingerir voluntariamente la sangre de otros seres humanos mordiendo a las
víctimas por placer, lo que les proporciona una enorme satisfacción hasta llegar
al éxtasis, ya que el sabor de la sangre actúa para ellos como si fuera una
droga.
El vampiro en la ciencia [editar]La ciencia llama "vampiro" (nombre que le dio
el naturalista Buffon en 1761) al murciélago hematófago conocido como Desmodus
rotundus que vive en zonas oscuras, es de hábitos nocturnos y se alimenta de
sangre. Son murciélagos de un tamaño entre los 6 y los 9 centímetros y un peso
de 25-40 gramos, de pelaje denso color café grisáceo, con cara aplanada y orejas
pequeñas y puntiagudas, hocico corto y labio inferior en forma de V, con
incisivos superiores anchos y filosos e inferiores pequeños, siendo los caninos
largos, de punta aguda y borde posterior afilado.
Su técnica de alimentación es la siguiente: gracias a sus agudizados sentidos
localiza a sus víctimas (habitualmente ganado bovino, equino o porcino) y se
acerca a ellas volando, arrastrándose por el suelo o saltando, mordiéndoles en
los hombros, espalda, región perianal, en las patas, pezuñas, así como en la
base de los cuernos o en las orejas. Suelen atacar cuando el animal duerme,
produciendo poco dolor y, gracias al anticoagulante de su saliva, hace fluir la
sangre a través del canal de su labio inferior.
La sangre consumida por el vampiro rara vez daña al animal afectado, pues suelen
tomar unos 25 mL en media hora, aunque suelen acudir cada noche a alimentarse de
la misma víctima, pues si pasan 48 horas sin comer mueren de inanición;
curiosamente es un animal que comparte habitualmente el alimento con otros
compañeros incapaces de conseguir alimento, mediante la regurgitación de sangre.
Uno de los primeros en relatar su experiencia con un vampiro de este tipo fue
Gonzalo Fernández de Oviedo en su Sumario de la Natural Historia de las Indias
(1526), ya que fue mordido por ellos y tuvo que usar el método de los indígenas
para curar sus heridas.
En el siglo XVI la ola de superstición desatada hizo que surgieran obras como
Los vampiros a la luz de la medicina (1749) de Próspero Lambertini (que llegaría
al papado con el nombre de Benedicto XIV y desde donde siguió luchando contra
las falsas creencias) o el Informe médico sobre los vampiros (1755) de Gerard
van Swieten, médico y archidiácono de María Teresa de Austria, donde tras
criticar el vampirismo y considerar poco frecuente aunque dentro de la
normalidad los casos de incorruptibilidad de los muertos, desacreditaba a
médicos y comisarios pues en muchas ocasiones y siguiendo sus indicaciones se
realizaban sacrilegios, poniendo en entredicho el buen nombre del finado,
violando tumbas y ultrajando cadáveres. Pese a todo, obras que nacieron a su
sombra y en contra del vampirismo como la Dissertatione sopra i vampiri (1774)
del arzobispo de Florencia Guiseppe Davanzati, sólo consiguieron incrementar aún
más la creencia en ellos.
El doctor en medicina al servicio de la emperatriz María Teresa I, Gerard Van
Swieten (1668-1738), aseguró en unas de sus investigaciones que los vampiros
eran reales. Esto lo aseguró en la Convención de Belgrado. Investigó dando a
conocer varios casos de cuerpos incorruptos y muertes alrededor del pueblo en
donde estaban las tumbas, en Austria. Tuvo que dejar los casos que fue
recopilando sobre vampiros por repugnancia y por haberle superado el tema.
Convendría hacer una recapitulación sobre las posibles explicaciones sobre el
fenómeno del vampirismo. La medicina ha intentado esclarecer la imagen del
vampiro, no del cinematográfico (que ha sido muy desvirtuada y ha ido sumando
nuevas características, a cada cual más sorprendente, según la voluntad de los
guionistas o directores); sino del vampiro folclórico que inauguró el tema.
Se debería comenzar por una explicación tan simple y, a la vez, tan compleja y
verosímil como fueron las epidemias de peste (enfermedad infecciosa producida
por la Yersinia pestis, transmitida por las pulgas de las ratas y otros
roedores) que convirtieron en endémico al vampirismo. Curiosamente este fenómeno
se refleja en obras cinematográficas como el Nosferatu de Murnau o de Herzog.
Durante el siglo XIV, especialmente en Prusia oriental, Silesia y Bohemia, para
evitar el contagio, las víctimas de la enfermedad eran enterradas rápidamente
sin constatar la muerte clínica. Muchos de ellos sufrieron por ello una larga y
atroz agonía, infligiéndose heridas en su intento de escapar de su cárcel de
madera. No es de extrañar, por tanto, que al abrir los ataúdes se encontraran al
cadáver conservado y con manchas de sangre, lo que a falta de una explicación
mejor estimularía la imaginación supersticiosa de la gente atribuyéndoles una
condición de vampiros, y que los ingleses denominaron de una forma más o menos
técnica como "cadáver sanguisugus".
A esta creencia ayudaron indudablemente los conceptos desarrollados por el
cristianismo que, basados en la idea neoplatónica de la vida después de la
muerte, fomentaron la idea de la corrupción del cuerpo y la supervivencia del
alma hasta el día del Juicio Final, teniendo la posibilidad de acceder a este
estado todos aquellos que murieran arrepentidos de sus pecados y que hubieran
recibidos los últimos sacramentos. Con esta fórmula, todos aquellos que no
fueran enterrados en tierra consagrada (especialmente los suicidas y los
excomulgados) y los que no hubieran recibido la extremaunción, podrían
convertirse en espectros corpóreos o vampiros.
Otro dato importante a remarcar fue la creencia en la afectación de los vecinos
y familiares allegados al presunto vampiro. Las víctimas del vampiro presentaban
una severa palidez acompañada de intensa fatiga, cansancio y respiración
entrecortada. Este fenómeno tiene una sencilla explicación si pensamos en una
enfermedad clásica, la anemia, un déficit en la cantidad o calidad de los
glóbulos rojos de la sangre encargados de transportar el oxígeno a todo el
cuerpo.
Aunque casi siempre se atribuía a la pérdida de sangre, lo cierto es que en esa
época era frecuente la desnutrición (incrementada en periodos de epidemias),
cuando no por ayunos con motivaciones religiosas que tenían el objetivo de
purgar los pecados y verse libre del peligro de la peste. También hay quien ha
querido ver en los enfermos de carbunco (enfermedad muy contagiosa de los
animales producida por el Bacillus anthracis y que puede transmitirse al hombre,
capaz de crear gravísimas epidemias) la sintomatología de la persona atacado por
los vampiros. Los afectados presentan fiebre alta, sed intensa, convulsiones,
afectación respiratoria y alucinaciones que se atribuyen a la falta de oxígeno,
por lo que la sensación de asfixia por parte de la víctima podía ser expresada
como el estrangulamiento a manos de un vampiro.
Sin embargo, existe una enfermedad infecciosa que lo explicaría mejor,
especialmente cuando el auge del vampirismo coincidió con epidemias de este tipo
en las regiones balcánicas durante los siglos XVI y XVII, siendo la más
importante la ocurrida en Hungría entre 1721 y 1728. Nos referimos a la rabia,
enfermedad producida por un virus RNA de la familia rabdoviridae que se
transmite de los animales a los humanos. Muchos de los animales que han sido
relacionados con los vampiros son portadores habituales de la enfermedad:
perros, lobos y, cómo no, murciélagos. Un dato que hace pensar en ello es que un
médico anónimo ya defendió en 1733 que el vampirismo era una enfermedad
contagiosa de una naturaleza parecida a la que sobreviene tras la mordedura de
un perro rabioso.
El hecho de que la mordedura de un vampiro convirtiera a la víctima en otro
vampiro quedaría explicado por el método habitual de transmisión de la
enfermedad. Además, el largo periodo de incubación (habitualmente entre 1 y 3
meses), la sensación anormal expresada como parestesias o dolor en la zona de
mordedura, y la sintomatología inespecífica inicial (fiebre, pérdida de apetito,
fatiga, depresión, temor, ansiedad y sueños angustiosos) ayudarían a creer en
una progresiva transformación de una persona al estado vampírico.
La rabia puede manifestarse en un bajo porcentaje de casos como "rabia
paralítica", aunque lo más frecuente es la llamada "rabia furiosa", con una
sintomatología extrapolable a lo que se dice sobre los vampiros. Aquí se
desarrolla un cuadro de encefalitis, con una predilección del virus por afectar
al sistema límbico (importante en el control de las emociones y la conducta),
siendo frecuente la inquietud y agitación creciente que puede llegar hasta la
agresividad, insomnio persistente con alteración del ritmo del sueño y
modificaciones de la conducta sexual que suele expresarse como hipersexualidad.
Son frecuentes los espasmos musculares que afectan al área facial, faríngea y
laríngea, favoreciendo que el paciente emita sonidos roncos y ahogados, y que se
produzca una retracción de los labios de forma que asoman los dientes como si
fuera un animal. También presentan una exaltación de los reflejos, originando
accesos de furor maníaco frente a pequeños estímulos, como son los leves
contactos, las corrientes de aire, la luz, los ruidos, ciertos olores o a
excitaciones mínimas como ver su imagen reflejada en un espejo; más
característica es la reacción frente al agua provocando la hidrofobia, nombre
por el cual se conoce también a esta enfermedad, que origina un fuerte espasmo
faríngeo que origina intensos dolores al intentar tragar agua o simplemente con
su visión (¿sería extrapolable al agua bendita?); igualmente a veces presentan
problemas para tragar su propia saliva, por lo que gotea por su boca formando
espumarajos. Las pesadillas y las alucinaciones también suelen estar presentes
en este tipo de cuadro florido de la rabia.
Exhumación: Explicación científica de los vampiros
Comúnmente, cuando en una aldea o pueblo
corría el rumor de una "epidemia vampírica", consistente en alguna de las
enfermedades descritas en esta sección, la gente enterraba a sus muertos en los
cementerios, solo para que los cuerpos fuesen exhumados días después, para
corroborar que, efectivamente, no se "hubiesen convertido en vampiros" y
descansaran en paz.
Uno de los factores que más fortaleció la teoría de que los vampiros existían y
dormían en sarcófagos, se debía al fenómeno de putrefacción e incubación de
esporas y bacterias en los pulmones de los difuntos. Tras un tiempo de estar
sepultados, en los pulmones de algunos cuerpos se desarrollaba una gran cantidad
de bacterias y esporas, dadas las condiciones de temperatura, humedad y
nutrientes adecuadas dentro del cadáver. Estas bacterias por sus mismos procesos
metabólicos, llenaban los pulmones con gases fermentados y putrefactos.
En el momento en que un cuerpo era exhumado, y se intentaba manipularlo o clavar
una estaca en su pecho, evidentemente provocaba que el mismo cadáver, por la
presión ejercida sobre los pulmones, exhalara con una especie de "suspiro", una
nube de estas bacterias y esporas altamente tóxica, lo cual hacía pensar a los
exhumadores que el cadáver era efectivamente un vampiro, y que la estaca había
dado fin a la existencia del mismo.
Esta labor de exhumación, en la cual participaban sacerdotes, autoridades de las
aldeas e incluso los familiares del difunto, era temida ya que mucha gente
sufría enfermedades serias por la inhalación del gas fermentado y cargado de
bacterias que exhalaba el cadáver al ser manipulado.
¿Dos enfermedades vampíricas?
Además de la rabia, una infección por
rabdovirus, también se ha especulado con que la porfiria eritropoyética
congénita, también llamada enfermedad de Günther (en honor a su descriptor),
podría ser la causa del vampirismo. Esta otra enfermedad, no infecciosa sino
hereditaria, clásicamente se ha alzado con el título de "enfermedad de los
vampiros" pero, aunque curiosa y merecedora de estudio, no se cree que explique
las formas epidémicas del vampirismo. Esto se debe a que es muy poco frecuente,
existiendo hoy en día cerca de 250 casos diagnosticados con seguridad de esta
extraña variedad de porfiria (aunque es posible que muchos estén en el
archiconocido "cajón de sastre" de los médicos).
Las porfirias se producen por errores del metabolismo de las porfirinas,
pigmentos precursores de la hemoglobina (ya que forman parte del grupo Hemo de
la misma) que se encargan del transporte de oxígeno en la sangre y le da su
característico color rojo. Un defecto en el ADN produce una alteración de la
actividad enzimática, encargada de producir las porfirinas, incrementando su
velocidad de formación y produciendo una acumulación excesiva de las mismas.
El depósito de porfirinas en la piel sería causa de una de las características
principales que se atribuyen a los vampiros, ya que provoca una
hipersensibilidad a ciertas radiaciones del espectro solar (las de 400 nm de
longitud de onda y en menor grado las de 500 a 600 nm), lo que desencadena un
proceso de producción de peróxidos que, al liberar oxígeno atómico en los
tejidos, provoca la destrucción celular. Esta exquisita fotosensibilidad hace
que la exposición a la luz solar origine un fuerte enrojecimiento cutáneo, con
formación de ampollas que se infectan fácilmente y forman erosiones y úlceras
que al cicatrizar dejan marcas y deformaciones en la zona afectada; la piel se
agrieta y con la exposición solar es frecuente que sangre con facilidad.
Por otro lado, la clásica "facies vampírica" se explicaría cuando las lesiones
faciales son extensas y por su carácter recidivante se vuelven mutilantes,
destruyendo los labios (que dejan la dentadura al descubierto, aparentando ser
los dientes de mayor tamaño que el normal), así como los cartílagos de la nariz
(mostrando frontalmente los agujeros nasales) o los auriculares (dando
ocasionalmente un aspecto puntiagudo a las orejas). Al acumularse las
porfirinas, los ojos pueden aparecer de color rojizo así como los dientes (donde
aparece la llamada eritrodoncia por el depósito porfirínico en la dentina).
Por otra parte, los defectos en la producción de hemoglobina dan lugar a un
cuadro de anemia hemolítica con toda la sintomatología característica de las
anemias, siendo llamativa la palidez general tal y como presenta la imagen
clásica del vampiro. Un tratamiento habitual son las transfusiones de sangre o
del grupo Hemo, que no sólo mejoran la anemia sino que frenan la producción de
porfirinas; muchos han alegado que por esa razón los vampiros ansían la sangre,
pero aunque antiguamente la terapéutica médica para las anemias incluía beber
sangre de otros animales, lo cierto es que los jugos digestivos la destruirían
(y mucha sangre tendrían que ingerir para que pudiera absorberse una mínima
parte del grupo Hemo)
Para completar el cuadro, el organismo actúa y en un intento de proteger la piel
del sol, desarrolla un hirsutismo o desarrollo anormal del vello en la frente,
pómulos y extremidades, afectando a zonas tan poco habituales como las palmas de
las manos (una característica que Bram Stoker narra en su novela al describir
por primera vez al conde Drácula).
Existe un dato muy curioso y que anima mucho a los amantes de las explicaciones
vampíricas. Nos referimos al efecto que tiene el ajo para ahuyentar a los
vampiros; el ajo ha sido casi un estandarte, junto al limón, para los defensores
de la medicina natural, ya que le atribuyen propiedades antisépticas,
antiparasitarias, expectorantes o hipotensivas. En 1978 se expuso a la comunidad
científica que algunos extractos del ajo producirían un bloqueo de la
coagulación de la sangre al inhibir la agregación plaquetaria; por otra parte,
el grupo Hemo que forma parte del citocromo P-450 podría ser destruido por uno
de los elementos del ajo, el alquildisulfuro. Quizá por ello, los vampiros
porfíricos huirían de él, pues su ingesta u olor podría agravar rápidamente su
estado de salud.
Este tipo de porfiria no trastorna, curiosamente, la sensación de bienestar del
enfermo, aunque por el tipo de vida al que se encuentra sometido es frecuente
que altere las facultades mentales, lo que podría explicar las obsesiones y
crueldades que se atribuyen a los vampiros.
Aunque la teoría porfírica del vampirismo no explica bien las epidemias de
vampiros, se ha intentado acercar al mito suponiendo que al darse antiguamente
entre clases nobles (donde era frecuente el derecho de pernada feudal) sería de
suponer una diversificación del material genético del afectado de porfiria entre
el pueblo llano, por lo que se podrían producir varios casos en un mismo periodo
y con relativa frecuencia, explicando además los casos de vampirización dados en
el entorno familiar del supuesto vampiro original. Por otra parte, entre las
diversas variedades de la porfiria (especialmente en las variedades aguda
intermitente, variegata y coproporfiria) puede desencadenarse una crisis por la
ingesta de determinados medicamentos como los anticonceptivos, el diazepam, el
fenobarbital o la metoclopramida (entre otros muchos más) o, más especialmente
en el tema que nos ocupa, por la toma de alcohol o incluso por el estrés intenso
(situación que se crearía con relativa facilidad en el ámbito supersticioso y
aterrador de la creencia en los ataques vampíricos).
El vampiro en el arte
El vampiro en la literatura
Philip Burne-Jones, The Vampire, 1897Durante los siglos XVII y XVIII varias
oleadas vampíricas (probablemente incidentes de epidemias e histeria colectiva)
barrieron numerosos países de Europa Oriental. Esto produjo un interés
generalizado en los vampiros, que llegarían a ser comentados por personajes de
la talla de Descartes y Rousseau.
Uno de los autores más importantes que han trabajado el vampirismo fue el monje
benedictino francés Dom Augustin Calmet (1672-1757), abad de Senones, destacado
exégeta e ideólogo de la Inquisición que escribió, entre otras muchas obras, un
libro titulado El Mundo de los Fantasmas. En él se incluye el ensayo que lleva
por nombre Negociación y explicación de la materia y características de los
Espíritus y los Vampiros, y así de los retornados de la muerte en Hungría,
Moravia, etc. Con esta obra, Calmet realizó la primera diferenciación clara
entre los vampiros, por una parte, y los demás espíritus y demonios, por otra.
El distinguido abad se preguntaba en este estudio si el vampiro está realmente
muerto, mediante qué mecanismo es capaz de escapar de la tumba, y qué clase de
energía mueve su cuerpo. Llegó a la conclusión de que, a pesar de su naturaleza
maligna, los vampiros son seres creados por Dios. E indicó que el mero hecho de
ser pagano era causa insuficiente para convertirse en vampiro, pues de lo
contrario los romanos y griegos, que adoraban a dioses paganos, se habrían
transformado todos en vampiros.
Otro autor famoso que trató el tema del vampirismo fue Montague Summers (El
Vampiro en Europa, publicado por primera vez en 1929), quien realiza un
recorrido de la presencia vampírica a lo largo de la historia, desde la Antigua
Grecia hasta la época moderna, a través de los diversos países de Europa.
El legendario poeta inglés Lord Byron (1788-1824) escribió el poema épico The
Giaour (1813). Aquí ya está presente la combinación del horror y de la lujuria
que el vampiro siente y el concepto de los no-muertos que pueden pasar su
maldición a los vivos. En 1816, Byron pasaba unos días en las orillas del Lago
Leman (Suiza) junto a un amigo, el médico John William Polidori. Mientras se
hallaban en lugar tan paradisíaco, dieron una fiesta a la que acudió el
reconocido poeta Percy Shelley y su última mujer, Mary. Entonces se desató una
tormenta alpina, y se vieron obligados a permanecer en el interior de la casa,
contando historias de miedo. En un determinado momento, el ambiente se caldeó
por el alcohol y varios de los presentes se retaron a escribir la mejor historia
de terror y misterio de todos los tiempos. Mary Shelley empezó en ese momento a
escribir la famosísima novela Frankenstein, un mito mefistofélico de nuestro
tiempo; Byron redactó el citado fragmento, pero no llegó a completar la obra. Su
amigo Polidori lo incluiría después en El Vampiro, un Cuento, novela publicada
en 1819; irónicamente, la propia vida de Byron se convirtió en el modelo para el
«señor Ruthven», el protagonista. Una secuela no autorizada de esta novela es
llamada Lord Ruthwen ou les Vampires (1820) del autor francés Cyprien Bérard, la
cual fue adaptada por Charles Nodier en el primer melodrama de vampiros teatral.
También a principios del siglo XIX se estrenó en Leipzig la ópera Der Vampyr,
escrita por Heinrich Marschner. Era el año 1828.
Drácula personifica la fascinación de lo prohibido y es una figura simbólica
clásica para la sexualidad reprimida de todas las sociedades que oprimen de un
modo u otro esta manifestación de la naturaleza humana; específicamente, la
sociedad victoriana que Bram Stoker sufrió, era tan represora de la sexualidad
que sólo era una cuestión de tiempo que Drácula renaciese.
La capa de terciopelo o cuero negro en el exterior y seda roja en el interior,
quizás el más característico de los leitmotivs vampíricos, fue añadido por
Hamilton Deane en 1924 para simbolizar al murciélago. Bela Lugosi, el actor que
más brillantemente ha representado el papel del vampiro, exigió y consiguió que
se le enterrara envuelto en su capa. Y hablando de actores, Drácula apareció en
el teatro por primera vez en 1897, con la obra Drácula, o el No-Muerto escrita
por el propio Bram Stoker. La première tuvo lugar en el Royal Lyceum Theatre de
Londres. Más popular resultó la versión del ya mencionado Hamilton Deane,
estrenada en 1923. El musical Tanz der Vampire se sigue representando en Viena.
Un escritor británico, Brian Lumley, desarrolló otra generosa aportación al
género de los vampiros. En su serie del Necroscopio (las Crónicas Necrománticas)
narra los enfrentamientos de su protagonista contra diversos seres de
procedencia vampírica. Sin embargo Lumley se desmarca completamente de las
convenciones del origen de los vampiros, y los presenta como parásitos que se
sirven de los humanos (aunque también podrían parasitar animales si así lo
desearan) para sobrevivir, mejorando biológicamente a su hospedador y
otorgándole poderes sobrehumanos, mientras va sustituyendo la propia
personalidad por la del vampiro.
Principales relatos de vampiros
El vampiro, Heinrich August Ossenfelder, 1746
(poesía).
El castillo de Otranto, Horace Walpole, 1764.
Leonore, Gottfried Burger, 1773.
Vathek, William Beckford, 1786.
La novia de Corinto, Johann Wolfgang Goethe, 1797.
Christabel, Samuel Taylor Coleridge, 1797.
Thalaba el Destructor, Robert Southey, 1801.
El Vampiro, John William Polidori, 1819.
La Lamía, John Keats, 1819.
Vampirismo, E.T.A. Hoffmann, 1828.
Berenice, Edgar Allan Poe, 1835.
La muerta enamorada, Théophile Gautier, 1836.
Varney, el Vampiro, Thomas Preskett Prett, 1847.
La Familia del Vourdalak , Alexei Tolstoi, 1847.
La Historiadora, Elizabeth Kostova, 2005.
Le Vampire, Alejandro Dumas, 1851.
Carmilla, Sheridan Le Fanu, 1872.
La Tierra más allá del Bosque, Emily Gerard, 1888.
Olalla, R. L. Stevenson.
Drácula, Bram Stoker, 1897.
El claro del bosque, W. Fernández Flórez.
Soy Leyenda, Richard Matheson, 1954.
El osito de felpa del profesor, Th. Sturgeon.
Sueño del Fevre, George R. R. Martin, 1986.
Crónicas Necrománticas, Brian Lumley.
Crónicas Vampíricas una saga de 11 libros de Anne Rice
Cirque du Freak una saga de Doce libros de Darren Shan2003
Vlad, Carlos Fuentes, 2004
Crepúsculo de Stephenie Meyer, 2005
Luna Nueva de Stephenie Meyer, 2007
Eclipse de Stephenie Meyer, 2007
Cirque du Freak de Darren Shan
Vittorio, el vampiro de Anne Rice
El Beso de Plata de Annette Curtis Klause
El vampiro en la escultura
Apenas ha sido representada la figura del vampiro en la escultura. Prácticamente las únicas obras sobre tema vampírico son las que representan a seres mitoógicos que, sin ser vampiros, están relacionados con ellos o incluso pueden considerarse origen del mito, como las lamias o ciertas representaciones de Lilith.
El vampiro en la pintura
En pintura destacan obras con El vampiro de Edvard Munch, realizada en el año 1895 o "El Vampiro Glorioso", de Boleslas Biegas, que data de 1916 y pretende ser un alegoría del horror de la Primera Guerra Mundial, aunque también de la mujer fatal, representada por un ser con más semejanza con las lamias que con el vampiro propiamente dicho
El vampiro en la cultura contemporánea
La figura del vampiro se encuentra a lo largo de los siglos no sólo en Europa, sino también en Asia, América y Oceanía. El miedo es una de las fuerzas más poderosas que mueve a las personas, y la experiencia del temor a lo misterioso y desconocido se encuentra profundamente presente en la cultura de todas las naciones del mundo. En esta experiencia, la figura del vampiro, con sus evocaciones antropofágicas de telúrica espiritualidad pagana, irresistible sexo salvaje, sangre caliente derramada y gélida autoridad, ocupa un lugar central. En palabras de Albert Einstein, "fue la experiencia del misterio combinada con el miedo lo que engendró la religión". Pero también, siguiendo al famoso científico, "la experiencia más hermosa que se tiene a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental que está en la cuna del verdadero arte y de la verdadera ciencia. El que no la conozca y no pueda ya admirarse, y no pueda ya asombrarse ni maravillarse, está como muerto y tiene los ojos nublados."
El vampiro en la pantalla
Imagen de la película: Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (1922)Ya en 1922 el
vampiro fue llevado al cine por primera vez, bajo el título Nosferatu, una
Sinfonía del Horror, con la genial representación de Max Schrecky dirigida
magistralmente por F.W. Murnau. Desde entonces, el vampiro, como siempre
inmortal, ha protagonizado incontables producciones cinematográficas y
televisivas. Desde las películas Nosferatu y Drácula, se han filmado una
infinidad de películas en cine y televisión sobre vampiros.
El vampiro-Drácula por excelencia en el cine de las primeras épocas ha sido el
actor Bela Lugosi. Muchos comediantes incorporaron esporádicamente y en tono de
humor la temática del vampirismo en sus producciones, tales como Los Tres
Chiflados, Bud Abbot y Lou Costello.
Un toque de comedia negra era el poseído por la película El baile de los
vampiros, en que cazadores de vampiros intentan destruir a varios de estos
seres. Algunos sostienen que el posterior asesinato de la actriz Sharon Tate,
figura femenina protagonista de esta película de Roman Polanski, a manos del
Clan Manson tuvo algo que ver con el irreverente tono del film de Polanski sobre
este tema oscuro.
La asociación con el vampirismo se dio también con algunos criminales sexuales y
asesinos en serie, siendo el más representativo el caso de M, el vampiro de
Düsseldorf, que inspirara un memorable film de Fritz Lang.
El cineasta John Carpenter también hizo un aporte a este género con su película
Vampiros. Por otra parte, el género de acción también tiene un personaje
vampiro, la película Blade con el actor Wesley Snipes está basada en el
personaje del comic del mismo título, y trata de un cazador de vampiros
contemporáneo.
Una de las más recientes adaptaciones cinematográficas de este género literario
en cine es Inframundo (Underworld en inglés), la cual narra una antigua guerra
entre vampiros y hombres lobo la misma fue exhibida en el año 2004 y en 2006
salió la secuela titulada Underworld: Evolution.
En televisión, y con intención de entretener a un público preferentemente
adolescente, ha destacado recientemente la serie Buffy, la cazavampiros, de la
cual se desprendió un personaje secundario (Ángel), en una nueva serie con el
mismo nombre que su protagonista.
La serie canadiense El Señor de las tinieblas tuvo como protagonista a un
vampiro de 800 años trabajando como detective de homicidios. Trabajaba solo de
noche, tenía su refrigerador bien abastecido de sangre de animales, y poseía un
coche clásico con un enorme maletero, para ocultarse del sol si el día lo
sorprendía.
Una exitosa franquicia de animación japonesa titulada Vampire Hunter Do Hellsing
tiene como protagonista a un vampiro. El cine de animación cubano produjo
¡Vampiros en La Habana!, una comedia sobre las aventuras de un vampiro
adolescente cubano. Otra serie animada sobre vampiros ha sido El conde Pátula,
un desopilante pato-vampiro que fue pensado para audiencia infantil.
La más importante revisitación del mito del vampiro se produjo a finales del
siglo pasado. Una escritora norteamericana llamada Anne Rice publicó las
Crónicas Vampíricas, una trilogía compuesta por las novelas Entrevista con el
Vampiro, Lestat el Vampiro y la Reina de los Condenados, que después, dado su
enorme éxito comercial y cinematográfico, ha continuado con secuelas como
Memnoch el Demonio y Armand el Vampiro. Las Crónicas Vampíricas constituyen el
último gran éxito de este personaje, que ha demostrado una vez más estar tan de
actualidad como siempre.
No obstante, los vampiros de las Crónicas son seres de ficción adaptados al
blando gusto de las sociedades contemporáneas, totalmente carentes de la maligna
crueldad sin remordimientos de un Vlad Tepes. En las Crónicas, los vampiros se
nos muestran como unos entes elitistas, posmodernos y confusos, sólo un poco
pervertidos, con sentimientos de culpabilidad y humanizados, aptos para todos
los públicos, sumergidos en el pensamiento filosófico de la Nueva Era. No
destilan las gotas de maldad en estado puro que, en todas las culturas y
civilizaciones, caracterizan al Draculae, el Dragón, el Demonio.
El vampiro como arquetipo
El vampiro, como arquetipo, representa la
ilusión de la inmortalidad para el iniciado que se ha quedado estancado en una
etapa previa a la iluminación. Es aquel que está atrapado en la esfera de la
racionalidad y es por esta razón que el vampiro posee un sentido lógico muy
desarrollado pero condenado a no poder amar ni odiar ya que no posee sentimiento
alguno.
El vampiro denota a aquel ser que goza de los placeres de la carne. Es aquel que
ha descubierto las verdades trascendentes de la historia pero que no se
sensibiliza ante ellas, las toma como una consecuencia lógica de las acciones
(estupideces) de los hombres, pero él, como inmortal, está ajeno a las acciones
de los profanos ignorantes de su propia esencia, de su propia inmortalidad y
divinidad.
La sangre, junto con el semen, desde las primeras culturas, siempre han sido los
símbolos de la esencia divina de la vida. Es por esto que el vampiro, aun cuando
es un ser inmortal, basa su inmortalidad en el robo simbólico de la esencia
divina, en este caso de la sangre de los otros seres, una suerte de selección
natural sobre aquellos que no son conscientes de su divina individualidad
(esencia) y que la entregan gratuitamente a otros para que los traten como parte
de un rebaño, es decir, lo que entregan es su libertad.
El vampiro no posee la inmortalidad espiritual ya que se ha quedado estancado en
la inmortalidad de la materia y la razón; sin embargo, la pregunta de si existe
la inmortalidad espiritual o no, es materia de debate y en muchos casos una
actitud escéptica es la respuesta.
El vampiro duerme en un ataúd, este es el símbolo de que el vampiro, al no
poseer alma, requiere de un templo externo que le albergue, algo que le de
seguridad y sentido de pertenencia. Es más, en muchos casos, cuando el vampiro
viaja de un lugar a otro, este lleva tierra dentro del ataúd ¿Para qué? Bueno,
esto se puede asociar desde una debilidad, inseguridad por parte del vampiro a
despegarse de sus tradiciones y costumbres, hasta el hecho de estar ligado a un
complejo de Edipo en el cual el vampiro no se atreve a dejar su madre tierra. De
igual forma, el ataúd podría representar la matriz de una mujer muerta de la
cual un hijo “muerto” nace a una vida incierta.
Bajo este paradigma, el mito del vampiro se podría asociar con el mito de Horus
e Isis, Isis siendo la tierra que da origen a Horus, la espiritualidad, pero al
ser también hijo de Osiris, sufre el traumático paso del nacimiento de la muerte
a la vida. Al final, el vampiro es hijo de la muerte y de la vida. Sufre el
ciclo de morir para volver a nacer y viceversa.
El vampiro está rodeado por tres vampiresas, estas representan el pasado, el
presente y el futuro. Pero el vampiro, al no poder morir, ha dejado estancado el
tiempo a su alrededor, es por esto que al visualizar su entorno podemos ver que
todo es penumbra y oscuridad, polvo y vejez, elementos que denotan caos y
estancamiento en el tiempo.
Las mujeres son todas jóvenes ya que en el pasado, el presente y el futuro se
confunden en uno solo. El vampiro es la representación del caos inicial que no
puede avanzar hacia el orden hasta que éste muera. No obstante, las mujeres
representan también la dimensión física y psicológica en el cual el vampiro se
encuentra inserto, y es por esto que ellas también necesitan alimentarse de
aquella sustancia divina que hace que el vampiro exista.
Las mujeres también demuestran el gran apetito sexual hacia sus víctimas, esto
se puede interpretar como el deseo de la material de seguir avanzando, que el
futuro pueda seguir y seguir con el propósito de darle sentido y orden al
pasado, al presente y al futuro a través del ritual de la reproducción
exclusivamente. Las vampiresas reflejan esto y lo sienten a través de su
naturaleza e instinto de mujer.
Lo curioso es que después de la muerte quieran reproducirse, este simbolismo nos
dice que después de la muerte hay más vida, tal como Isis cuando hace un falo
desde la nada, lo adhiere al cuerpo de Osiris y en una conjunción espiritual
queda esperando a Horus. Las vampiresas demuestran que puede haber vida después
de la muerte y esto queda reflejado con la muerte del vampiro también.
El vampiro busca a una mujer, el reflejo de su ánima, aquella mujer que ha amado
por toda la eternidad. Al morderla, ellos se hacen uno ya que él la posee, en
otras palabras, la razón posee a la espiritualidad, ya que ella es el símbolo de
la inocencia femenina (de la espiritualidad), no obstante, ella también lo posee
a él al estar impregnada de su esencia.
Tres son los mordiscos, tres son los pasos hacia la luz. El vampiro sólo le da
dos mordiscos ya que ni siquiera él ha alcanzado el tercer paso y lo que espera
lograr a través de ella es llegar a la tan ansiada espiritualidad reprimida del
tercer nivel. Finalmente, el debe decidir entre seguir engañándose a sí mismo
pensando que logrará la tan ansiada libertad a través de la esencia de Nina (su
ánima) o, al final Nina también perderá su alma y será inmortal pero sin
corazón. Está analogía es la de la sabiduría sin amor –sin emociones-, cuando
solo la razón domina al conocimiento, pero no se hace uno con el corazón. Es por
esto que al final el más insignificante de los personajes es el que triunfa. El
hombre.
El hombre representa al profano iniciado, aquel ser que busca la sabiduría y que
mediante el amor profundo que siente por ella, puede eliminar al vampiro, y
dejar que la razón y la espiritualidad dominen juntas. Este personaje lo hemos
visto en leyendas como: el Rey Arturo, narrativas como: La Odisea, películas
como: El Señor de los Anillos o La Matrix.
Al final, el vampiro es eliminado por el hombre, el cual debe hacerlo para
llegar al siguiente grado. El vampiro acepta que su destino y salvación no está
en el poseer la sabiduría, sino en el morir voluntariamente, dejando la sangre
que lo hacía inmortal para también acceder al grado siguiente. El y el hombre
son uno, el se ve reflejado en lo que una vez fue y el hombre ve la sabiduría
que quiere llegar a poseer, pero a la vez tiene miedo de transformarse en un
vampiro, esa es la incertidumbre frente al futuro.
El vampiro muere cuando le clavan una estaca en el corazón. Este símbolo refleja
la voluntad y la sabiduría las cuales eliminan la esencia del mal del corazón de
los hombres. Solo entonces el hombre ordinario logra llegar a la sabiduría
espiritual y material, es decir, Osiris resucitado.
Vampiros en los videojuegos
La popularidad del vampiro como icono de la
cultura contemporánea ha llevado a este personaje a aparecer en videojuegos.
En la serie del juego Legacy of Kain: Blood Omen, el personaje principal al que
se controla es un despiadado vampiro.
Bloodrayne es un juego de acción donde la protagonista principal es una sexy
vampiro, al estilo Blade. De la cual ya se han hecho dos peliculas y se espera
pronto una tercera en el 2009.
Castlevania, título muy famoso en Japón, Europa y Estados Unidos. Es un juego de
plataforma 2D y fue una gran sensación durante la década de los 90, lo que causó
que Konami realizara una saga a este videojuego. Relata la historia de Drácula,
quien revive cada cien años en su castillo llamado Castlevania y una familia de
cazavampiros, los Belmont (empezando por Leon Belmont en el siglo XI) quienes
han ido tras el famoso conde y su legión de seres infernales. La historia del
juego data desde el siglo XI hasta el año 2036.
Un juego de rol llamado Vampire:The Masquerade ha conocido dos adaptaciones al
videojuego: Redemption y Bloodlines.
Clases de Vampiros
Los vampiros antiguos solían ser discriminados
en aldeas y hasta ciudades. Por lo largo de los siglos se han ido cambiando
teorías sobre estos y poniéndoles esterotipos muy marcados.
En el año 1859, el vampiro clásico fue cambiando por razones muy importantes:
- Si mordían a más gente, las fuerzas armadas los llevarían presos
- Se debían adecuar a la modernidad de cada época
- Como se puso de moda muchas enfermedades contagiosas, como el sida, que muchos
vampiros tienen miedo a contagiarse a través de la sangre que tomaban.
Millones de vampiros murieron por no acostumbrarse a la rutina. En el año 1881
se firmó el tratado de Rozzblood en Moscú, Rusia; en el que todos los vampiros
deberían elejir entre dos grupos A partir del siglo XVIII, los vampiros suelen
llevar una vida normal. De aquí, Albert Einstein clasificó a los vampiros en
muchas clases:
1. Vampiros Originales: Son los vampiros "reyes" que obtienen todas las
características actuales (no las clásicas).Suelen depender de la sangre pero no
atacando personas ni animales. Estas personas prefieren ser médicos o
enfermeros. Sorprendentemente, suelen ser muy buenas personas y muy normales.
Una rama de los vampiros originales suelen ser todos los vampiros enfermos, con
enfermedades incurables o cerebrales.
2. Vampiros Guardianes: Hay variadas versiones de el comienzo de esta leyenda
Desde el tratado de Roozblood, todos los vampiros han elejido pertenecer a
cualquiera de estos grupos:
- Los que aguardan en la noche (Guardianes de la noche, Guardia Nocturna) :
Pertenecen a la luz, así que pueden tomar acción en la noche. Son iluminados y
pueden vivir entre los guardianes del día. Pueden tomar cualquier tipo de sangre
(solamente para cazar a los vampiros que pertenecen a la guardia diurna que
violan las normas).
- Los que aguardan en el día ( Guardianes del día, Guardia Diurna): Forman parte
de la oscuridad, así que son oscuros. Igualmente conviven con sus diferentes (La
Guardia Nocturna). Aunque se duda de la exsistencia de un nuevo grupo intermedio
"los guardianes del atardecer".
- " Los Otros": De vez en cuando, un ser humano cualquiera demuestra aptitudes
de ser otro, al ponerse en una situación vampiral, y puede ver a los miembros
diurnos o nocturnos ( lo cual es muy extraño entre las personas no- vampiras).
Por eso son personas muy especiales. Esta, es una tradición de origen rusa.
![]()